Del compromiso político en jóvenes revolucionarios

Respuestas a una entrevista hecha por la Prof. Ivette Lozoya, historiadora y profesora en la Universidad de Santiago, 21 Noviembre 2014.

Por Marcello Ferrada de Noli, un fundador del MIR

La entrevista por la Prof. Ivette Lozoya de la Universidad de Santiago, Chile, fue hecha como material para su investigación “Pensar la Revolución, intelectuales y pensamiento político latinoamericano en el MIR chileno 1965-1973”. El libro de la Prof. Lozoya se publicará en 2015. Por motivo que los temas de la entrevista contienen tanto aspectos biográficos (sobre Miguel Enríquez) como de los orígenes del MIR y relatos de mi propia vida, en acuerdo con la autora publico estos textos como parte de mi libro “Rebeldes Con Causa. Mi vida con Miguel Enríquez y los orígenes del MIR” (2015). Hago una publicación preliminar en este sitio del primer tema desarrollado, como lo he hecho con otras entrevistas sobre el tema. Otras respuestas que publicaré más tarde corresponden a las preguntas que me fueron enviadas por Mario Amorós (autor de “Miguel Enríquez, un nombre en las estrellas”), y por Michael Schmidt (autor de “Cartography of Revolutionary Anarchism”).

Los temas formulados por la Prof. Ivette Lozoya fueron:

1. ¿Cómo describirías tu proceso de politización inicial? Me refiero al despertar de la conciencia social, que factores incidieron.

2. ¿Cómo era ser una académico revolucionario? ¿en qué te diferenciabas (desde tu función social) de otros académicos o intelectuales?

3. ¿En el MIR había alguna reflexión sobre el lugar de los intelectuales y la cultura en la revolución o se fue construyendo más bien un vínculo y una práctica con estos sujetos y ese ámbito?

4. En tu blog (The Professors’ Blog) señalas que tú y Mires estaban a cargo de la formación política del MIR ¿cómo era esa formación antes del 69? ¿cuál era el objetivo de esa formación?

5. Hay un grupo de intelectuales argentinos que llegaron a trabajar a la Universidad de Concepción ( Lito Marín, Nestor D´Alessio entre otros) ¿cómo era la relación con ellos desde el MIR?. ¿qué funciones cumplían?

6. A tu juicio ¿Hubo desde el MIR una creación de teoría revolucionaria?

Cover book Ferrada de Noli on Miguel Enriquez

1. ¿Cómo describirías tu proceso de politización inicial? Me refiero al despertar de la conciencia social, que factores incidieron.

Como te lo manifesté comentando tu invitación, el marco de referencias de mis repuestas serán reflexiones hechas en mi libro sobre nuestra generación, en concreto sobre mi vida con Miguel Enríquez y lo que acontecía en la prehistoria del MIR. Introductoriamente, y antes de pasar a responder tu primera pregunta sobre mi caso personal, quisiera enmarcar el concepto de “politización” o compromiso político en los jóvenes revolucionarios de la época embrionaria del MIR.

I

Sobre conciencia social y conciencia política

El despertar de la conciencia social en el individuo como miembro de una clase (Marx plantea que la sociedad también tiene su conciencia, la que él llama ideología) ha sido atribuido en la literatura a una dialéctica entre factores objetivos y subjetivos. En mi opinión, aunque la teoría puede ser aplicable a individuos perteneciente a las clases en ascenso a la conquista del poder, no es tan clara cuando se refiere a individuos que originalmente pertenecieron por nacimiento y cultura a las clases defendiendo ese poder.

Simplificando la teoría, factores objetivos como por ejemplo las contradicciones en la distribución de riquezas y pobrezas de una sociedad, llevarían a una percepción (factor subjetivo) del proceso.[1] En concreto, el status paupérrimo de un determinado proletario lo llevaría sucesivamente a) a una percepción de ser explotado, b) a percepción que otros en su entorno son explotados como él, c) que ellos conforman una categoría distinta a la compuesta por los patrones en su conjunto. La teoría afirma que desde allí se pasa a la conciencia social de clase, y desde este nivel, a la percepción o conciencia política que el Estado representa los intereses de la clase que los explota; y de allí a la necesidad de revolucionar la sociedad y cambiar el carácter mismo del Estado.[2]

Sin embargo en el caso de los hijos de la burguesía o pequeña burguesía (para efectos del análisis, atribuyo a ambos valores de clase homólogos) los factores objetivos mencionados en la teoría no se aplican como experiencia existencial sino como pura percepción intelectual. Este es el caso de los revolucionarios fundadores del MIR, cuyo segmento provenía mayoritariamente de la Universidad de Concepción. Aquí el esquema anterior se rompe, y es necesario buscar otras explicaciones.

Un aspecto sería determinar porqué solo una parte, en realidad una parte sumamente minoritaria de entre los hijos de la burguesía, pasa de la percepción intelectual de contradicciones sociales objetivas a una toma subjetiva de posiciones que son de una clase “opuesta”, que socialmente no les correspondería según el esquema de la teoría.

Una explicación sociológica-cliché ensayada en la literatura burguesa desde la década del sesenta hasta acá, es la tesis del “conflicto generacional”: una tendencia cultural, o para algunos genética, de rebelarse frente a los valores de la generación progenitora. Esta tesis a su vez es una derivación de las nociones Freudianas populares en la época. Así se explicó en parte el advenimiento tanto de la cultura hippie post años cincuenta, como de la actividad de una izquierda revolucionaria en América Latina ejemplificada con los líderes del Movimiento 26 de Julio y del Directorio 13 de Marzo, que fueron cabeza de la Revolución Cubana: abogados, médicos, o estudiantes universitarios en su mayoría.

Pero ni Freud ni mucho menos sus interpretadores, podrían aclarar a la luz de su tesis generacional el porqué sólo una ínfima parte de las juventudes nuevas (la generación contestataria) parece oponerse no sólo a los “valores burgueses” de sus padres, sino que toman la empresa de arriesgar sus vidas, perder incluso sus vidas o su libertad, en una guerra en contra de un sistema social y para cambiarlo en su raíz.

Personalmente, entre todos los revolucionarios latinoamericanos que yo he conocido personalmente a lo largo de los años, ninguno profesa o ha profesado el odio a sus padres; o han argumentado sus déficits personales atribuyéndolo a sus padres. Al contrario.

La respuesta que yo ensayo a la explicación anterior, tesis que he estimado insuficiente, comprende en cambio la introducción de factores afectivos y cognitivos en la personalidad del individuo: 1) factores afectivos; 2) la conducta individual; 3) análisis de contradicciones éticas en el proceso educativo, generadas en la propia ideología burguesa; 4) una variable psicológica: la estructura de personalidad; 5) el acceso a la cultura. Los factores afectivos a que me refiero en el punto 1) son aquellos adscritos a conceptos tales como “humanidad”, y “compasión”.

Factores afectivos

¿Cómo se explica que hermanos de una misma familia, a pesar de tener como referencia una misma clase social con sus mismos valores, usos y costumbres, a pesar de ser sujetos a experiencias semejantes en lo social o cultural, teniendo el mismo nivel de educación, etc., reaccionen de distinta manera frente a las “condiciones objetivas” de la sociedad? ¿Porqué mientras unos serán más solidarios en lo social, más dispuestos a entender el drama de los que la sociedad ha desposeído de sus privilegios, otros no reaccionarán, o al menos no en el mismo grado o dirección?

Una explicación podría encontrarse en el mundo afectivo de los distintos individuos, en su grado de “sensibilidad humana”, que es un eufemismo para denominar el atributo de compasión. El atributo de compasión obedece a una ecuación estrictamente personal, ni cultural o genéticamente determinada. Y compasión no es monopolio de los pobres por el hecho de ser pobres, como el atributo de “humildad” que cánones culturales de clase les han impuesto. Ni mucho menos patrimonio absoluto de los revolucionarios de izquierda. Pero por otra parte, grados de evidente compasión como rasgo de carácter se encuentran mayoritariamente en los que al mismo tiempo se han jurado dispuestos a arriesgar su libertad o sus vidas en la defensa de los no privilegiados. Es lo que se llama conducta altruista.

Conducta altruista individual

Las conductas son siempre personales, y lo interesante para el análisis es que la conducta sólo puede ser evaluada en un proceso de acciones a lo largo de una vida. Una acción aquí o una acción allá sólo constituye un episodio, pero sólo un conjunto de episodios y en la medida que sean consecuentes entre si y permanentes en el tiempo pueden adscribirse como conducta.

La ética de los revolucionarios no se limita a una ética de apreciación; esto es, el juzgar una situación como deplorable, e incluso impactarse en solidaridad con la víctima a través de la experiencia de un dolor personal o “de alma”.

Muchos individuos, basados en su apreciación de injusticia respecto a un hecho, tratan de remediar el hecho con algún tipo de acción. En términos generales esto es lo que conocemos como altruismo. Pero el altruismo, aunque bien podría implicar inversiones personales de tiempo o riqueza, no implica necesariamente un riesgo en lo personal.

Civil courage e intervención revolucionaria

Podríamos decir que las conductas de compasión en el entorno político están ejemplificadas en obras individuales de “civil courage”. Civil courage es cuando un juicio ético solidario va acompañado con una acción humanitaria, con una intervención en el episodio juzgado como resultado de un abuso o infortunio, y aunque aquella intervención implique riesgo, incluso físico. Por ejemplo, el intervenir espontáneamente cuando alguien es golpeado abusivamente en un lugar público.

Sin embargo, la ética de los revolucionarios no permanece en una obra de civil courage respecto a un episodio, o respecto a la repetición de un episodio. La de los revolucionarios es, en cambio, una ética de acción revolucionaria. Esto es esto es, atacando el origen político del problema social que genera los infortunios sociales que deploramos. Atacando las causas estructurales. Y con además otra diferencia importante: este ataque, para llegar a las estructuras del ordenamiento social, debe ser también estructural, y debe ser frontal, conllevando acciones no únicamente de tipo verbal o escrita de acuerdo a las instrucciones del sistema, como se hacen en las intervenciones políticas en general.

La acción revolucionaria es por definición una actitud “políticamente incorrecta”, mirada bajo los cánones de un ordenamiento legal que justifica, y en casos también apoya, la incoherencia ética instalada en la raíz del sistema. El término “radical”, otrora sinónimo de “revolucionario”, significa justamente aquello: “atacar el problema por su raíz.”[3]

La pregunta vuelve, qué material, qué elementos construyen el compás ético de un ser humano?

En los primeros años de los sesenta continuábamos a “hablar de política” con Miguel. Èl, más Jorge Gutiérrez Correa y Bauchi (Bautista Van Shouwen) dedicaban un buen tiempo a sus estudios de medicina, un tema que yo en ese tiempo consideraba “prosaicamente técnico y exclusivamente empírico”. De un comienzo le vaticiné a Miguel que él un buen día se arrepentiría de su elección de carrera. [4] En fin, luego de comenzar a estudiar filosofía en la Universidad de Concepción, me era más fácil comunicarme con Miguel en estos temas que para él comunicarse conmigo en los temas de sus propios estudios universitarios, o sea la medicina. A esas alturas ya había comunicado a mis amigos que era Russeau, y no Marx, o Engels, quién había descubierto a la propiedad privada como causa de males sociales. Este nos llevó a una reconsideración de otros temas ortodoxamente conocidos como de patrimonio marxista.

Rousseau [5] postulaba que el hombre nace bueno pero que la sociedad lo corrompe. Para Hobbes, todo lo contrario, el hombre es un lobo feroz en una sociedad de lobos feroces.

La pregunta para nosotros era entonces – así como en este contexto – como era posible que en una sociedad naturalmente corrompedora habrían sujetos que naturalmente se ponían al lado de causas altruistas e incluso designadas a combatir la corrupción.

Una tesis en boga a la época (creo que en todas épocas) es la referida como “conflicto generacional”. Aunque malentendida por muchos que piensan esto se refiere a un conflicto hijos/padres, el conflicto generacional – como lo refería anteriormente en “Sobre conciencia social y conciencia política” – se refiere al cuestionamiento que la juventud (parte de ella) hace los valores vigentes en la sociedad que ellos encuentran, o sea de su ideología.[6]

Cuál sería, a mi manera de ver, la contribución concreta de nuestra generación de jóvenes fundadores del MIR en la realidad política que nos enfrentó y que enfrentamos?

En realidad esto no es para mi “juzgar”, por ser parte activa en esa generación. Pero en mi opinión personal esto es lo que sucedió con notros; cosa que puede suceder con cualquier otra generación:

En vez de buscar/encontrar apoyo en viejas concepciones, buscamos/encontramos las propias nuestras para contradecir tanto a la ideología prevalente (la ideología de la formación social) como la ideología “clásica” – por no decir anquilosada – de la oposición mantenida por lo particos autodenominados de izquierda, o directamente arrogándose la representación de la clase trabajadora.

Por eso es que en el fondo – lo digo con sincero respeto – no fuimos ni Leninistas, ni Trotskistas, ni comunistas o socialistas a la usanza de la ideología prevalente en por ejemplo el viejo FRAP o la “nueva” Unidad Popular.

En parte me refiero al contenido de nuestro planteamiento en mi libro “Rebeldes Con Causa”.

Bien, la pregunta original en este ítem “Cómo describirías tu proceso de politización inicial” la he convertido en mi primera parte de mi respuesta en “Cómo describir el proceso de politización inicial en nuestra generación”. Y en este mismo sentido, hay aún otros dos tema a desarrollar y que ese refieren: a) uno al rol de las contradicciones éticas generadas por la propia ideología burguesa como contribución al espíritu contestatario de las nuevas generaciones. Y b) el otro referido a variables psicológicas sobre estructura de personalidad y mecanismos de coping. Esto es lo que desarrollo en la segunda parte de mi esta respuesta a este ítem.

II

Ahora respondiendo a la pregunta concreta de la entrevista, sobre cómo yo describiría mi proceso de politización inicial; qué factores incidieron en el despertar de mi conciencia social.

Nota: He querido separar el tema personal del general desarrollado anteriormente porque aquí debo referirme necesariamente a mi contexto familiar personal. Esta separación de textos da la posibilidad al lector no interesado en mis vicisitudes familiares – cuestión a comprender cabalmente por mi parte – a omitir su lectura y pasar a los temas subsiguientes.

La toma de posiciones revolucionarias en los casos particulares de nuestra generación corresponde a “un desarrollo desigual y combinado”, se podría decir. Mi caso por ejemplo fue un proceso diverso al de Miguel. Desde episodios de desencantos sobre la verdad cívica que se me mostraba en la niñez (9-11 años), el paso por nociones afectivas de injusticia social; el paso por una posición anti-clerical (anti autoridad, en los mismos términos), y terminando con la identificación de causas sobre aquellas incongruencias, yacentes en la estructura social del sistema.

Contradicciones en el entorno social y escolar

A diferencia de Miguel, quién provenía de una familia laica, padre masón, y de ideología centro derecha (el Partico Radical en aquel tiempo), mi familia era católica-conservadora. La segunda diferencia es que todos los hermanos de Miguel tuvieron un desarrollo ideológico unísono o prácticamente idéntico. En dos palabras: los Enríquez Espinosa evolucionaron de heredadas posiciones laicas, incluida un materialismo ateo e ideario político “democrático”, a posiciones laicas ateo-socialistas y más tarde “marxista-leninista”.

En cambio, mi familia era de carácter conservador en lo ideológico y además político. Mi abuelo paterno, que no alcancé a conocer, era militar. Mi abuelo materno, quién fuera una figura central durante mi infancia, era incluso monárquico y nunca renunció a su ciudadanía italiana. Él argumentaba que como patriota italiano, debía saludar con honor las guerras de expansión de Mussolini, el cuál había dado el nombre Antonio Da Noli a un destructor de la Armada Italiana (en la foto aquí abajo, anclado en Venecia). [7]Nunca fue un secreto entre mis amigos que las canciones que yo aprendí desde los tiempos de cuna eran del tipo “”E non é vero che é morto Garibaldi?”, canción que Miguel se regocijaba cuando yo la ejecutaba entre risotadas.

RCT_Da_Noli_VeneziaMi padre, también muy central en mi vida, era de “derecha militar” que por su afición al deporte ecuestre fue hecho oficial de Carabineros, por los que compitió hasta 1953. Cuando yo tenía diez años lo vi desde las graderías caer del caballo en una competencia de saltos en el Estadio de Serena. Herido, se levantó y montó nuevamente para seguir, pero en cambio cayó enseguida por su propio peso sobre la arena, entre aplausos empáticos de los espectadores. Era mi héroe. En aquel tiempo había recién iniciado su empresa “Ferrada Pfeiffer Cía. Ltda” para la fábrica de muebles de estilo, y terminó de competir.

Mi padre votó por la derecha hasta comienzos de los setenta, en que votó por la Democracia Cristiana porque su íntimo amigo, el Alcalde Concepción (Dr. Guillermo Aste), fue candidato. Mi madre, increíble para una “niña de las monjas”, fue en cambio muy progresista, profesora en la Universidad de Concepción que incluso votó en sumo secreto por Salvador Allende en 1970. Ella aún vive a la edad de 96 años.

Otra diferencia es que mis hermanos y yo tuvimos un desarrollo dispar (y no unísono como el de los Enríquez Espinoza). Sólo mi hermano mayor, y durante su último año de humanidades, alcanzó a tener posiciones “no-conservadoras” a lo Vaticano, y estuvo durante un tiempo en la Juventud del Partido Liberal – que era por lo demás de derecha; los comienzos de la década de los 1950’s no eran una excepción en esta derechización del Partico Liberal. Se podría decir que los “últimos liberales” fue la generación representada por Francisco Bilbao y Santiago Arcos. Al final, mi hermano mayor, abogado, fue un juez civil designado en los tiempos del gobierno de Augusto Pinochet. Mi otro hermano fue oficial de ejército (Artillería) y se retiró bien avanzado en los tiempos de la dictadura militar como Teniente Coronel.

Un básico error de la tesis freudiana es considerar que la juventud contestataria está poniendo en tela de juicio los valores ético-burgueses per se. La ética de la burguesía en cuanto a las enseñanzas morales a sus hijos se nutre 99% de la religión cristiana. Pero cuán “cristiana” es la conducta de las generaciones dominantes?

El contexto anterior introduce de por sí que el “despertar de la conciencia política” en mi caso se desarrolla en una frontal contradicción no sólo con el discurso ideológico dado en mi entorno familiar y escolar cotidiano, sino con la realidad concreta en que aquel ideario se edificaba. Era una situación típica de los 50’s y 60’s.

Primero que todo está la contradicción de una enseñanza religiosa católica “piadosa” y austera; en aquel tiempo yo estaba internado en el Liceo Católico de Copiapó, regido por franciscanos Belgas. Yo tenía sólo nueve años y estaba en primero de humanidades. El colegio recibía donaciones entre otros de la comunidad italiana residente. Los “donadores” eran próspero agricultores y viticultores del valle de Atacama.

vittorio Noli in Genova 1Entre estos donadores eran prominentes mi abuelo genovés Vittorio Noli Cassisa (en la foto a la izquierda en la ciudad de Génova) y Vittorio Ghiglino Noli – hijo de Giussepina Noli, hermana de mi abuelo (este hecho, por lo que explico al final en esta parte, tuvo un rol importante en mi “toma de claridad política” a aquella edad). En Chile – que se caracterizaba por un totalitarismo gramatical español-chauvinista que excluía cualquier denominación que no fuera “chilena”, mis abuelos y tíos fueron llamados “Victorio”, o en el mejor de los casos “Vitorio”.[8]

El hecho determinante es que durante mi niñez yo soy testigo de las injusticias sociales que ocurren al frente de mi nariz, en la propia casa patronal de mi abuelo y/o en sus viñas y campo. No es que él era un oligarca despiadado, todo lo contrario, era bueno y reconocidamente generoso [detalles concretos de su filantropía y donaciones de terrenos a la Ciudad de Copiapó en la imagen más abajo, cuyo texto menciona que “la comunidad de supo de su beneficencia y solidaridad”.

Pero las contradicciones sociales, el trato (y me refiero al trato obligatoriamente subsecuente de los trabajadores hacia la familia patronal), la pobreza de los trabajadores agrícolas, etc. era por una parte algo muy impactante en sí mimo.

En el libro relato un ejemplo de estos testimonios personales en los que injusticia social alcazaba dimensiones fatales. Aquello fue determinante ara mi toma de posiciones, de rechazo a lo afectivamente veía como injusticia desde un prisma de simple derecho natural, o en aquella niñez aplicando cánones cristianos de acuerdo a una teoría internalizada en nuestra educación al seno de la familia.

Genovés Vittorio Noli, benefactor de CopiapóPor otra parte, aquellas conductas sociales constituían una negación de las historias sobre compasión y amor al semejante repetidas por los frailes en sus diarias letanías, durante mi inescapable vida de internado.

Otro hecho que mantenía una constante presión a mi toma de conciencia social era la relación “personal” mantenida por la dirigencia de la congregación de frailes conservadores y nuestra familia. En efecto, como “agradecimiento” a las donaciones estos frailes venían a hacer una que otra misa u oración de rosario (si me acuerdo bien) en la casa patronal seguida de rutinarios almuerzos o festejos que ponían en exhibición la gula de estos “monjes”. Y no sólo estas visitas. También las “visitas de agradecimiento” a la casa de mis tíos en Bahía Inglesa o Playa Blanca en Caldera durante las regadas temporadas estivales o simplemente luego de las vendimias. Esto contrastaba con la austeridad en que se nos enseñaba y se nos hacía practicar en la vida de internado en el Liceo Católico.

O sea, una percepción directa de estas profundas contradicciones en parte sociales (de clase social) pero por sobre todo contradicciones de conducta (la inconsecuencia de enseñanzas o clichés culturales y religiosos, respecto a lo empírico demostrado en un entorno “civil” real ) .

Demás está decir que esto también influyó para mi toma de posición ateísta a la que opté finalmente en 1954, a la edad de once años.

Cuando me entrabé amistad con Miguel Enríquez al llegar a Concepción, a la edad de doce años, una de las cosas que primero descubrimos estábamos de acuerdo era nuestra posición anticlerical. Él por su herencia masónica, y yo en parte por lo ilustrado aquí. Quiero decir que hubo por supuesto también un discurso intelectual, una de reflexión más profunda sobre aquello, más allá de los episodios de hipocresía “psicosocial” en aquel entorno social, y que me impactaron afectivamente. Lo explico a continuación.

El paso de nociones afectivas de injusticia social al de identificación de causas yacentes en la estructura social del sistema.

[El texto continua]

Notas y Referencias

[1] Otro factor subjetivo en este proceso hacia “conciencia social” es la ayuda de un vehículo concientizador (el partido), y que es al mismo tiempo instrumento para el cambio.

[2] Que el carácter intrínseco del Estado cambia con una revolución, es un axioma leninista que yo discutía desde nuestros tiempos políticos precoces, aún antes de la formación del MIR. Razón: el Estado bien pasa a servir específicos intereses de clase durante las distintas formaciones sociales i.e. capitalismo, socialismo, etc., pero su carácter supra estructural permanece; como así mismo la cuestión del poder y de la democracia sustituta: una clase que sustituye al conjunto de los ciudadanos, el partido que sustituye a una clase, el estado que sustituye al partido.

[3] ”Ser radical es atacar el problema por la raíz. Y la raíz, para el hombre, es el hombre mismo.”. Carlos Marx, En Torno a La Crítica De La Filosofía del Derecho de Hegel. Introducción en C. Marx y F. Engels: “La Sagrada Familia”, Ed. Grijalbo, México, 1958. Pág. 10.

[4] Efectivamente, en 1968 – al término de sus estudios – Miguel me confesó que se arrepentía ”amargamente” de no haber estudiado en vez sociología.

[5] Discourse on the Origin and Basis of Inequality Among Men (En Francés, original: Discours sur l’origine et les fondements de l’inégalité parmi les hommes. Ed. Marc-Michel Rey, Holanda, 1755.), también conocido como “El Segundo Discurso”.

[6] ”Ideología” referida en su macro-concepto, esto es como superestructura social, o de acuerdo a Max, la suma de instituciones y producciones intelectuales constituidas en la moral, el derecho, el arte, etc. en una determinada formación social. Este concepto no es puramente descriptivo sino que su principal elemento es la explicación de una determinada ideología en función de rol dominante en la sociedad, al ser la ideología de la clase dominante.

[7] Citado de la edición Italiana de Wikipedia: ”Il Da Noli ha preso nome dal navigatore genovese Antonio de Noli (o “da Noli”) che nel XV secolo fu tra i primi ad esplorare le Isole di Capo Verde per conto del re del Portogallo, divenendone infine governatore nel 1472.” http://it.wikipedia.org/wiki/Antonio_da_Noli_%28cacciatorpediniere%29

[8] Prueba que la intolerancia lingüística abarcaba en ese tiempo incluso patronímicos o denominaciones ingleses, recuerdo que a los “Watch-man” a bordo de los barcos americanos visitando el puerto de Caldera (vecino a Copiapó) eran conocidos como “huachomano”; en su expresión más vulgar, como “guatón chimán”.

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